Las cosas que me faltaron por decir.

Por: Samuel David Porras Zipamocha

Dime, cómo lograste que tus fotos queden plasmadas en mis ojos, como hiciste que un corazón frío y desolado vuelva a latir como la primera vez.

No sé qué cambiaste, si fue una coma que agregaste o un número que sumaste. Lo único de lo que estoy seguro y es que cuando hablo contigo siento paz en mi mente, pasa a ser un campo donde las aves cantan y las flores huelen a tu perfume, donde sí hay días de lluvia y noches eternas, pero estas son diferentes.

En los días de lluvia pareciera que las nubes estuvieran celosas de tu voz e intentan simularla con cada gota que cae al suelo, a mí solo me da risa porque sé que no se asemeja a lo bonito que suena tu voz. 

En las noches eternas y también frías son acompañadas por las estrellas más brillantes, me enteré por la luna que brillan así para intentar brillar igual que tú, pero no se llegan a igualar a tu brillo.

Ambrosio Asioma

Por: Nicolas Borja Dorado

Parecían infatigables los recuerdos a la intemperie de su memoria, cuando Ambrosio Asioma regresaba furtivamente de los surcos y se arrunchaba en las cobijas imitando un dormido. Sin olvidar el minucioso detalle de arropar sus pies descalzos, evitando las energías turbias que según él, viajarían a través del istmo de sus dedos, siendo los andenes el viento y su corazón el destino. “El coco” le jalaría las piernas, creía. Cuando en realidad era solo la comunicación directa con sus seres queridos asesinados vilmente en tiempos pasados. Venían en formas asaltantes y abrumantes a eso de las seis de la tarde, cuando el sol despedía aquellos sonetos. Paulatinamente, se adueñaban de las energías de Ambrosio, extenuándolo, y ennegreciendo su vista hasta el sueño. Sus familiares óbitos lo protegían de esa manera, para apartarlo de la lucha generacional que llevaban contra la alevosía del estado, de violencia arrasadora e inmarcesible; donde la seguridad pública parecía fantasmal.

A lo que su paya, Usnavy le contestaba distraída por lo extraordinario de sus relatos oníricos: –Mirá, churi, otra razón más pa’ que se coma todo el almuerzo, para que crezca sano y fuerte, como su tayta, se lo prometo–. Mientras remendaba una vez más las alpargatas del chiquillo que venían vueltas nada, según Ambrosio le alcanzaba oír a su paya.

Y en tiempos pasados…

Su padre, Aldo Asioma no lo acompañaría más sobre la tierra. Fue asesinado cuando las balas volaban entorno a su pecho, y el sonido del revólver oxidado simultáneamente al de la fuga de sus sicarios en moto, daban noticias, de otro caso común que indudablemente quedaría en los archivos impunes, donde descansarían en la eterna sala de espera. Fueron las balas del olvido… Y los definitivos dispares disparos que convertían la vida de Aldo Asioma, otro cadáver que empezaría a descomponerse. Y que hacía unas horas, protestaba a gritos el sueño de un pueblo que por fin viviese su paz en el folclore de sus costumbres, y no en el miedo del crepúsculo.

De igual manera y de distintas formas, habrían muerto injustamente algunos de sus antepasados como guardianes de la pacha mama. Era raro, que los turistas nacientes en la urbe, les respetaban, en el nombre de líderes sociales. Pues, al parecer así aparecían todos los días y en primera plana, de docena en docena: listas de nombres extraños en pocos periódicos del país, denunciando con el corazón verraco, las víctimas del conflicto. Era funesto ver cómo algunos verdugos se identificaban como militares o como héroes de restauración nacional.

Volviendo al presente.

Ambrosio Asioma había planeado como escaparse de su hogar desde hace varios días, pero era solo por un ratito, definitivamente el alma del niño se regocijaba en la casa “soneto uno”. Existía en el pueblo veintidós sonetos organizados horizontalmente. El llano que comenzaba en dirección a la puerta y a sus espaldas, deslumbraba la selva virgen. Y en su imaginación, con música de persecución y como si existiera cuenta regresiva, listo para el despliegue de sus travesuras, sonaba el disparo y el tiempo que empezaba agotarse. No había vuelta atrás, si se devolvía… Era seguro un fatal correazo de su abuela Usnavy que terminarían amortiguados con las vitaminas forjadas por la sopa de pescao’ que le servirían de paliativo, según recordaba la promesa de su paya. Igualmente, por más brusco que fuese el cuero lastimando su piel, valía la avidez de encontrarse con su futuro, primer amor. Llevaba consigo una flor en honor a su padre, se llamaba nomeolvides que sería también un detalle para Alessandra Aladra. Exponiendo como la eternidad fuese posible para dos corazones infantes enamorados. Y donde también el peligro, fuese imperceptible con tal de verse aquella noche.

Oscurecido el día se desplazaba descalzo y con miedo en el despoblado pueblo, refunfuñando no haberse traído un pedacito de yuca para calmar el hambre. Y a pocos pasos de una sonrisa y tal vez un intento de beso, Ambrosio Asioma había recordado el consejo de un compañero suyo, inexperimentado en el amor. Quien le había dicho que intentara imitar el comportamiento de sus labios como si estuviera chupando pepa e’ mango, para ser todo un “galán” …

Y se esfumaron las nubes temporales, porque estaban juntos por fin, y a pesar de brazos famélicos, aquel abrazo era imperecedero para el presente.

El tiempo no daba para más, si se prolongaba la compañía, las consecuencias serían desalentadoras en la deriva del lodo. Pues corría el riesgo de ser derribado cualquier cuerpo en pie a altas horas de la noche. Y hablando en la ruralidad, los horarios cambiaban. Normalmente el momento de dormir tenía que ser antes de las 7:00 p.m, para madrugar el día siguiente a las 6:00 a.m. En fin: los desapacibles fusiles estarían al tanto para acribillar los extintos guardianes de la pacha mama, que se reunían en algún soneto a recitar poesía y a direccionar la lucha que todos los días parecía desahuciada. El amor a los versos, se entrañaron tanto en sus vísceras que se molestaron en nombrar cada residencia fijada en un poema. A lo que Ambrosio enterado, al momento de devolverse a su casa, cuando se detuvo a escuchar en las hierbas, aquellas reuniones secretas. Decidiendo así, bautizar imaginariamente como el soneto XXII la casa de Alessandra Aladra, porque el recuerdo era fugaz e idéntico en su memoria “[…] Frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas, como hoguera en los bosques el fuego es tu reino […]”

Ya en su casa, ni tan furtivo fue cuando se tiró en la cama imitando un dormido, porque sin querer hizo ruido. En su mente, aquel muchacho estaba pálido solo con pensar en el correazo que se iba llevar. Y aunque la abuela se despertó asustada, por los sonidos que ocasionó Ambrosio. Usnavy, cuya valentía espanta el miedo (porque ni a las cucarachas voladoras les temía), quedó paralizada del susto y ni quiso moverse a revisar quien era. Y analizado lo ocurrido, Ambrosio, un poco confuso, se preguntó, como era posible que su paya, tuviese terror de que fuesen los militares, quienes verdaderamente se escondían detrás del ruido ¿Era acaso la violencia despiadada, el temor de este pueblo reprimido? ¿O era acaso, posible pensar en que el amor podría sobrevivir a esta guerra?

Bueno, pues lo cierto es que Ambrosio Asioma redactó sus palabras más sinceras, dejando su corazón en ellas, apenas pasaba unas horas después de hacerse el dormido. Menos mal lo hizo de esta manera, porque no hubo de otra. Al día siguiente con la misma rutina de escape, la suerte le falló. Y aunque sus allegados muertos le advirtieron del peligro, tratando de ennegrecer su visión para adormecerlo, la energía del corazón inocente, el niño recién enamorado, latente desvanecía toda distracción.

No alcanzó si quiera a mitad de camino con la carta en mano, cuando sonaban ráfagas de subfusiles que acababan con otra lideresa que había planeado hablar con otros guardianes de la pacha mama en su rutinario horario. Como acá no importaba la edad, Ambrosio Asioma era otro cuerpo en pie a “altas horas de la noche”. He ahí otra ráfaga. He ahí un niño muerto.

Al siguiente día solo se escuchaban los llantos de su paya y los hijos de la lideresa que quedaban huérfanos. Y nadie salió anoche ayudar, pese a que todos se despertaron por los numerosos disparos. Ni siquiera el vecino que reconocía impresionado al frente de su puerta, el cuerpo de Ambrosio Asioma que agonizó toda la madrugada.

Junto al cuerpo, estaba la carta. Y pensando en la muerte de su padre, escribió:

La noche, casi siempre y sin falla te recuerda lo absurdo que es la vida, sin falta tortura tu mente y reanima las penurias momentáneamente, sin embargo, lo increíble de esos pequeños instantes existenciales es que parecen infinitos, pero no lo son. Al otro día las melancolías desaparecen. Y cuando estoy junto a ti, la inefabilidad es densa, porque espero como el nombre de tu flor: nomeolvides.

MI HERENCIA ES 1 HUECO EN LA MITAD DEL ESTÓMAGO

Por: Tito S. Martínez

I.
Morder la manzana,
= que nuestra Madre lo hizo.
Irrumpir en el paraíso como 1 trueno
& que los ángeles se masturben
en los baños podridos desde los que cae la lluvia
(todo siempre a escondidas de Dios).

II.
Recoger los insectos descalabrados
bajo la luz que enmarca nuestra puerta.
Hacerles 1 tumba junto a la almohada,
para soñar que tenemos alas & chocarnos
hasta quebrar el cristal que nos separa del resplandor.

III.
Hincar el diente en la rama que suelta ese jugo
cuando las ranas le cantan serenatas nocturnas.
Delirar los sueños de los que mi abuela no hablaba
por miedo a que le dijeran loca,
cuando ella sabía la verdad.

IV.
Relamerse las rodillas raspadas
para quitarse los besos de mamá.
Caer 1 & otra vez por la misma piedra
que cultivamos en las entrañas
para escupir frente a nuestros pies.

La Rosa

Por: Luisa Fernanda Pérez Díaz

En un siglo de año de un mes de una semana de un día, no se sabe bien la fecha, pero existió un pueblo con una belleza extraordinaria reconocido por sus bellas costas donde abundaban las especies de peces y moluscos los cuales eran considerados un manjar. Tenía una prospera cosecha de trigo y café, y un alto turismo gracias a su peculiar cultura y paisajes que se mostraban fantásticos hacia el ojo del hombre y la bondad de sus habitantes nativos, los cuales eran algo famosos por rendirle tributo a una flor. En el centro del pueblo se localizaba un inmenso jardín el cual albergaba girasoles, tulipanes y plantas con propiedades medicinales como el tomillo.

Pero lo que hacía especial, lo que hacía realmente mágico a ese jardín era que cientos de enamorados y parejas felices se reunían en el lugar para dirigirse a un altar no tan grande ni tan pequeño de una bella, rosada, perfumada y deslumbrante rosa la cual había nacido y se encontraba en un {cuerpo humano}, nadie en absoluto sabia su proveniencia, pero, había muchas especulaciones acerca de ella, algunos decían que era un error natural que llenaría el pueblo de catástrofes, otros decían que era un ángel que nació en la tierra adoptando esa figura que bañaría al pueblo de riquezas innumerables, pero los habitantes a pesar de todas sus especulaciones estaban de acuerdo en algo: ¡ella era una diosa!

Se murmuraba entre los pueblerinos y turistas, que en ella vivía la pureza, la inocencia y la amabilidad con un corazón tan puro y amigable que aquella pequeña rosa ni espinas tenia, pero en ella destacaba unos sonrojados labios, una figura delgada y delicada con una piel pálida que se le podría confundir con una muñeca de porcelana, unos largos pétalos rosados los cuales aparentaban ser su cabello, los cuales brillaban con el rocío de la mañana. Por el día todos le brindaban sonrisas, regalos, y hasta manjares culinarios a pesar de que por una razón extraña al parecer humana, se alimentaba por medio de fotosíntesis como una planta común. Pero en las noches todos hablaban a sus espaldas y no todas sus palabras eran exactamente dulces, la mayoría eran saladas y algunas tan picantes que harían marchitar a la pequeña rosa si los oía pero, nadie se atrevía a decirle nada de lo que en realidad pensaban, cualquiera pensaría que era por no herir sus sentimientos, pero la triste verdad era que le tenían miedo por a la idea de que era una diosa y cualquier idiota sabría que {si haces enojar a una diosa obtendrías un castigo peor que la muerte}.

Mientras todos en el pueblo murmuraban en sus casas, en el inmenso jardín la pequeña rosa soñaba despierta, ya que día tras día veía a las parejas sonrientes comentarle a cerca de tres sentimientos muy particulares y los únicos que conocía eran {felicidad, amor y amistad}, pero el que más intriga le daba era el amor, porque ese pequeño e invisible sentimiento era la razón de cosas maravillosas y dulces; en ese momento la rosa pensó que también quería tener esas cosas maravillosas, sentir esa dulzura desconocida y sentir amor, ¡ella quería enamorarse! Anhelaba sentir la calidez y protección de un abrazo y la suavidad y pasión de un beso, pero, ¿cómo podría encontrar amor si ni siquiera podía salir del jardín? Sus pies estaban plantados al suelo y arrancar sus raíces por si sola era muy doloroso y necesitaría mucho esfuerzo para lograrlo, ella solo era una pequeña y frágil rosa ilusionada que fantaseaba con amar y ser amada. Ella sabía que era casi imposible y que esa ilusión estaba a años luz de ser real. Después de volverse a resignar, lo único que le quedaba era observar asombrada el cielo nocturno con el mas de un millón de estrellas sobre su cabeza.

Aunque la pequeña rosa no lo sabía en el momento en que ella se daba por vencida en encontrar el amor, una persona extraña irrumpía en el jardín en dirección a ella.
Aquel extraño ya estaba lo suficientemente cerca del altar como para que la pequeña rosa lograra escucharlo. Con cada paso que daba el extraño la rosa se ponía cada vez más asustada porque desconocía las intenciones de aquel hombre o mujer pero, una parte de ella también estaba ansiosa por conocer a alguien nuevo a pesar de no saber quién era o que quería. La rosa se desesperaba cada vez más por verlo y después de tanta impaciencia aquel extraño logro llegar al altar. La rosa estaba muy conmovida con el aspecto de aquella persona, ya que nunca había visto a nadie parecido ,lo cual era raro para ella porque después de tantas visitas de personas similares, para ella {todos eran iguales a todos} porque siempre le decían las mismas dulces y vacías palabras y le daban los mismos regalos siempre buscando obtener algo de ella, pero ese hombre se veía diferente. Era más alto que ella, de confección delgada, con piel morena, cabello corto desalineado y marrón como la tierra, unos largos pantalones rotos que hacían juego con su camisa verde pasto y para terminar de combinar su atuendo disponía de un largo saco gris que cubría todo su espalda baja.

Mientras tanto aquel misterioso hombre quedo hipnotizado con la apariencia de la rosa, aquel extraño hombre nunca había visto algo parecido a ella, para él era lo más puro, inocentemente tierno y bello que había visto en su vida. La pequeña rosa estaba nerviosa, más rosada de lo normal y sobre todo muy sorprendida ya que en años nunca nadie había venido a visitarla en medio de su tristeza nocturna, en especial una sola persona. Ella ya estaba acostumbrada a ver a las personas en pares y aquel hombre misterioso se acercó lentamente a ella y le dijo:

-Qué joven más bonita y pequeña ¿Qué haces tan sola linda dama?
-Siempre estoy sola en esta parte del jardín.
-Pero te ves muy pequeña como para estar afuera a estas horas de la noche
¿acaso, no tienes casa y familia?
-Desde que recuerdo este altar siempre ha sido mi casa y, ¿qué es familia?

Aquel hombre estaba tan sorprendido y triste por las palabras que salieron de la boca de la rosa que quiso ayudarla de alguna manera para que no estuviese tan sola y así fue como sin pensarlo le dijo:

-Bueno, no sabría como expresar con palabras lo que es una familia, pero si te puedo contar de algo similar, se llama amigo, ¿quieres que te cuente qué es?

La pequeña rosa con sus ojos llenos de curiosidad respondió enseguida y con su
emoción en las nubes.

– ¡Sí, dime por favor!

– Está bien, un amigo es alguien que te apoya, te ayuda para no estar solo, alguien en quien pones tu confianza y te diviertes con él. Además es alguien que no importa lo que digas o hagas te perdonará.  

-¡Genial! Se oye que son buenas personas, ¿me podrías decir dónde puedo conseguir un amigo?

-Si tú quieres yo puedo ser tu amigo.

-Gracias amigo.

-De nada, pero, no me llames amigo ,llámame por mi nombre.
-Está bien amigo… ¿Cuál es tu nombre?

– Me llamo Joseph, ¿Cuál es tu nombre pequeño dama?
-Rosa…

-Rosa, te prometo que siempre te vendré a visitar en la noche, pero, con una condición.

-Dime cual es.

-La condición es que todas las noches me regales una sonrisa.

– ¡Acepto! Nos vemos mañana Joseph.

Después de que la pequeña Rosa llena de esperanza y alegría dijo acepto, ese hombre se despidió alegre por haberla ayudado. Al irse su soledad y tristeza fueron invadidas por el anhelo de un mañana con su nuevo amigo.

Al día siguiente, la mañana transcurrió con normalidad viendo ir y venir a muchas parejas que traían felices ofrendas para ella, pero ella no le daba importancia, estaba muy distraída pensando en aquel hombre que paso de ser un extraño a volverse su primer y único amigo. Al caer la noche la pequeña rosa practicaba en su altar una y otra vez qué sonrisa regalarle a Joseph, aunque el aun no llegaba la pequeña Rosa tenía sus mejillas adoloridas de tanto sonreír una y otra vez. La rosa con la esperanza y las mejillas dolidas estaba al borde de caer en desolación, cuando justo en el momento exacto…

-¡Muy buena noche bella Rosa! lamento la tardanza.

La pequeña rosa al ver a Joseph rebosó de alegría en un segundo y dándole las buenas noches le regaló una gran sonrisa con sus mejillas rosadas, y sus ojos llenos de ilusión crearon la imagen más tierna del mundo a los ojos de Joseph.

– ¡Buenas noches Joseph! ¿Tuviste un buen día?
-Sí, lo tuve gracias por tu interés ¿qué tal tu día Rosa?

– Algo aburrido sin ti, estaba muy ansiosa por volver a verte, aunque ellas dijeron que no vendrías, pero yo no les creí ,sabía que cumplirías tu promesa como dijiste.

– ¿Quienes? ¿acaso hay alguien más aquí?
-Pues claro, los girasoles, ellos me lo dijeron, a veces pueden ser muy chismosos, pero yo nunca les creo nada de lo que me dicen {orgullosa de sí misma pone sus manos en la cintura}.

– Claro {suelta una pequeña risa}, gracias por tenerme fe.

-Pues claro eres mi amigo por lo tanto confió en ti, pero, ¿Qué es fe?…

– Bueno te explicaré, {siente que será una larga noche mientras suelta un
suspiro}.

Aquella noche fue la más larga y desesperante de Joseph, pero para la rosa fue la mejor noche que tuvo en toda su vida. La rosa paso toda la noche haciéndole preguntas a Joseph , preguntas sobre cosas que ni el entendía pero él le respondía o por lo menos lo intentaba así fuera letra por letra.

La noche siguiente Joseph llevó un juego de mesa y se la pasaron hablando. pero esta vez quien hablo más fue Joseph, ahora era el turno de escuchar de la rosa porque no podía pasarla hablando solo ella, la rosa también quería conocer a su amigo.

-No entiendo cómo es posible que me hallas ganado, me dijiste que nunca lo
habías jugado antes.
-Así es, pero me explicaste tan bien que ganarte fue muy fácil de lograr.
-Tienes razón soy un buen maestro.
-Joseph dime algo… ¿tienes trabajo?
-Por supuesto.

– Tengo curiosidad ¿me podrías decir de qué trabajas?
-Está bien te diré, soy paleontólogo.

– ¿Qué es un paleoloco?
-{carcajadas} Se dice paleontólogo y es una persona que trabaja con huesos de dinosaurios.

– {gritando de la emoción} Trabajas con esqueletos eso es genial.
-Es muy raro que te gusten ese tipo de cosas, normalmente cuando las chicas oyen hablar de esqueletos y dinosaurios se espantan.
-Entonces ¿soy rara?

-{nervioso} No quise decir eso, no eres rara eres especial.

-{sonrisa de felicidad} Gracias, yo también creo que eres especial Joseph.

Todo el resto de la noche Joseph se la pasó hablando de dinosaurios, sus clases, los lugares donde habitaban etc…. sin darse cuenta de lo aburrida y agobiada que estaba la pequeña rosa porque para ella los dinosaurios no eran interesantes ,lo que le parecía genial era que trabajara con esqueletos, los cuales para ella si eran interesantes pero pensó que no quería molestar a Joseph con eso así que ocultó su opinión para seguir viendo sonreír a su amigo, y a pesar de que no le gustara tuvo que escucharlo hablar de ellos todo la noche.

Al día siguiente llegó una pareja que le pareció algo inusual, parecían simples amigos como ella y Joseph porque no se daban besos, no se tomaban de la mano y tampoco parecían muy cariñosos o felices como el resto, así que se tragó la vergüenza y hablo con ellos:

-Disculpen, quiero preguntarles algo.

Ellos voltearon curiosos y sorprendidos de que la pequeña rosa les hablara a
ellos.

-{nervios} Claro, pregunta lo que quieras.

-¿Cómo es posible que ustedes sean novios sin ser tan cariñosos? Parecen amigos.
-Bueno, para ser una pareja no hay que ser meloso todo el tiempo además somos pareja, pero también somos amigos.

-¿Eso es posible? {sorprendida}

-Claro, cada pareja se ama a su manera y todo amor comienza con una bella
amistad.

-{sorprendida y feliz} Gracias.

En ese preciso momento la rosa se percató de algo y eso era que ya había pasado más de una semana desde que conoció a Joseph y tal vez solo talv ez ella estaba empezando a amarlo un poco, y que a pesar de ese pensamiento ella no estaba muy segura de lo que era el amor, pero de lo que si estaba segura era de que quería conocer y sentir ese sentimiento. Al caer la noche la rosa espero ansiosa a Joseph para preguntarle algo muy importante para ella.

-Muy buenas noches Joseph.

Dijo la pequeña rosa con una voz ausente.

-Buenas noches Rosa.

-Joseph, te haré una pregunta y quiero respuestas.

-Está bien, pregunta.

-¿Qué es el amor?
-Bueno, me la pusiste difícil pequeña rosa, pero te responderé con lo poco que sé. Es aquel complicado y hermoso sentimiento que se expresa hacia otra persona a la que se quiere mucho y fin.

-¿Eso es todo, no hay algo más?
-Pues no estoy seguro como dije es complicado.
-Bien, gracias por responder creo que te tienes que ir.

-Pero ¿segura que quieres que me valla?

– Sí, ya es tarde para que estés aquí y tengo mucho en que pensar.

-Está bien, adiós Rosa.
-Adiós

Esa noche la rosa sin darse cuenta creó un escudo, pero no era cualquier escudo, era un escudo hecho de mentiras y una pisca de esperanza “esto me protegerá por ahora” pensó inocente y ligeramente en su cabeza la pequeña rosa. Ella si quería que se quedara, pero no podía creer que un sentimiento que para ella era tan misterioso se pudiera describir en palabras tan simples aunque lo pensó tampoco quería creer que Joseph mentía así que se redujo a pensar que era cierto.

Ella y Joseph siguieron pasando tiempo juntos jugando juegos de mesa y platicando, pero algo había cambiado en la rosa porque a ella le gustaba Joseph en secreto. Así pasaron tres años envueltos en risas y juegos pero en la última semana Joseph dejó de venir y la rosa empezó a aburrirse pasando las frías noches lluviosas sola en aquel altar.

-Extraño jugar con Joseph se siente muy solo sin él.
-Nosotras te dijimos que te iba a abandonar, eso te pasa por confiar en él.
Dijeron al mismo tiempo los indiscretos y habladores girasoles quienes para ellos la historia de la rosa y Joseph era como una novela que seguían desde el inicio para no aburrirse en las noches.

-Cállense, yo nunca les creí una palabra ¿Por qué lo haría ahora?

-Porque tenemos razón, además ya ha pasado una semana de seguro se consiguió una flor más interesante que una insignificante rosa como tú.

La rosa se negó a creer las palabras de los girasoles que sólo le querían causar problemas, pero sin querer unas de sus palabras lograron llegar a ella haciéndola preocupar, dudar y hasta desconfiar: “una insignificante rosa como tú”.

Por primera vez en tantos años, aunque no lo admitió , les creyó a los girasoles, pero aún no perdía la esperanza porque ella confiaba en Joseph.

-¡Hola Joseph, te extrañe! ¿Tuviste un buen día, como has estado?

La rosa alcanzo a ver a la distancia a su amado dentro del denso bosque, pero parecía que no la escuchaba.

-¡¿Acaso no me oyes?!

Aquella voz suave que poseía la rosa no era suficiente como para ser escuchada, sin importar cuan fuerte impulsara su voz. No lograba alcanzar a Joseph y estuvo a punto de dar un último intento cuando notó que él no estaba solo en aquel bosque espeso; estaba con una mujer de la cual desconocía su identidad, pero no le preocupaba porque estaba segura de que solo eran amigos o al menos eso quería creer, hasta que vio cómo le tomó la mano cariñosamente.

-No entiendo ¿Por qué de repente me arde él pecho?

Mientras la rosa estaba dolida y confundida por no saber que sentía, los girasoles reían y disfrutaban del show.

A la noche siguiente Joseph entro al altar desapercibido sin que la rosa se diera cuenta y del suelo del altar recogió un pequeño cuaderno. “Te amo Joseph” eran las palabras escritas en él. Joseph estaba sorprendido y avergonzado. Para cuando la rosa se dio cuenta de su presencia ya era muy tarde, Joseph ya lo había leído. La rosa lo miro destrozada y de inmediato aparto la mirada.

-Mírame no hay problema, podemos seguir siendo amigos.

La rosa por un segundo se sintió aliviada pero triste al mismo tiempo porque ella quería ser más que su amiga y quería decírselo, pero sin querer de su boca salió.

-Ok, gracias {labio temblando}

Después de eso Joseph se despidió y se marchó, las siguientes noches actuaron como si de nada, hasta que una noche la rosa mencionó:

-Oye, te vi con una chica en el bosque ¿me dirías quién es?
-Claro, se llama Grace y es mi compañera de trabajo. Creo que me gusta mucho.
-Me alegro por ti, me encantaría conocerla algún día {forzando una sonrisa}

Después de eso siguieron conversando como siempre aunque la rosa sentía que Joseph estaba cada vez más distante, como cavando un abismo en medio de ambos. Su bella y singular amistad duro otro mes hasta que una noche Joseph dijo adiós y no volvió.

Había pasado ya más de una semana y la rosa se rehusaba a escuchar a los girasoles y a la razón misma. Ella estaba muy preocupada hasta el punto de imaginarse todo tipo de situaciones en su cabeza, pero una noche los girasoles dijeron algo que llamo su atención: “de seguro la abandonó para ser feliz con su gran amor Grace, de todos modos de qué le sirve una pequeña e inútil rosa que ni siquiera puede salir de este jardín, pobre criatura ”. Esas palabras fueron como una punzada en el corazón de la rosa , la cual poco a poco se empezaba a marchitar y fue así como la rosa hizo algo de lo cual ella sabía que no habría marcha atrás. Jaló de sus tobillos dejando marchas, haciendo el intento por arrancar sus raíces de la tierra a pesar del gran dolor que sentía y a pesar de su enorme esfuerzo todavía no lograba liberarse, pero aun con lágrimas en los ojos y sangre en sus tobillos hizo un último y gran esfuerzo que funcionó.

Lo había logrado por fin, era libre de irse a buscar a Joseph, pero ella estaba exhausta, sus pies y tobillos sangraban y dolían al apoyarlos al suelo frio del altar, así que a pesar de no tener ninguna buena razón para quedarse ahí necesitaba descansar mientras esperaba a que la sangre junto con el dolor cesara. Admiró la luna desde el altar por última vez.

Después de un merecido descanso se preparó para abandonar el altar colocándose un largo saco color bronce que Joseph había olvidado en una de sus buenas noches de larga platica.

-Bueno {suelta un suspiro} hora de partir a un mejor mundo, adiós señoras
girasoles no las extrañare ni un poco {sonrisa feliz}.
-Hasta la próxima querida rosa.

Así fue como la rosa se fue rebosando de alegría por el gran jardín despidiéndose de todas las plantas conocidas del camino y a las desconocidas igual les decía adiós. Se veía tan contenta que al verla se preguntarían si ese largo saco sería suficiente para guardar tan inmenso gozo. Al lograr salir del jardín los ojos de la rosa estaban maravillados y colmados de asombro.

-Joseph me había contado ya como se veía el mundo afuera, pero esto es mejor
que lo imaginativo es extraordinario {dijo para ella misma}.

Al salir del jardín lo primero que vieron los ojos de la rosa fue la plaza de mercado que rebosaba de puestos, vendedores y turistas. Para la rosa esa imagen era hermosa: los sonidos de las pisadas de la gente, las bocinas de los vendedores. El metal chocando de las sartenes estaban en perfecta sinfonía
creando la más bella y única canción que haya escuchado la rosa. Con sus pies descalzos recorrió fascinada aquella plaza hasta el punto de eventualmente perderse en un lugar que hasta yo desconocía.

-Creo que ya me perdí, ¿cómo pienso encontrar a Joseph si ni siquiera sé dónde estoy ahora?

-¿Qué hace una rosa linda como tu tan sola?
-Hola, lo siento no te había visto, nunca había hablado con un tulipán antes, eres tan bonita.
-Gracias pequeña, dime ¿Qué haces en esta parte del pueblo?
-Estoy buscando a un chico que antes me visitaba todas las noches, pero hace semanas que desapareció y estoy preocupada.
-Awww, que romántico y puro amor de seguro se aman mucho.
-La verdad el ama a otra para el solo soy una amiga.

La dulce y apasionada expresión del tulipán se transformó a una despectiva y
desinteresada.

-Entonces es una historia triste, no me gusta. Ya vet,e de seguro te abandonó y eso no es romántico, es deprimente.
-Lamento que no te guste tulipán, a mí tampoco me agrada pero antes de irme, ¿me dice si ha visto a un chico alto y delgado con un saco similar a este?
{enseñando su saco}
-Te lo diré si tus haces algo por mi primero, quiero que me digas que es el amor.

-¿Está segura de que lo vio?
-Claro que si rosa insegura {tono grosero} ya dime lo que quiero oír.
-Pues el amor creo que, te puede hacer sentir muchas cosas diferentes y te hace querer proteger a una persona, animal o planta con todas tus fuerzas y de todas las formas posibles y se desea que sea feliz porque así tú también lo serás, así tú podrás ser feliz.

-{con lágrimas en los ojos} Eso fue tan hermoso y puro quede conmovida, estaré encantada de decirte adonde se fue cuando lo vi.

-Gracias.
-Lo vi dirigiéndose hacia la costa mientras hablaba por teléfono con una tal mamá y tenía prisa.
-Entonces está en la costa, ¿cómo llego a ese lugar?

-Bueno, ¿sabes que es una gaviota?
-Sí.

-Entonces sigue derecho hasta ver gaviotas y cuando las veas síguelas, sabrás que llegaste cuando el camino se transforme en agua.

-Muchas gracias.

La rosa correría lo más que podría con tal de alcanzar a Joseph, y con los ojos fijos en el cielo nocturno logró distinguir una gaviota entre tantas estrellas. Se sintió salvada, hasta que volvió a mirar el camino que la esperaba. La rosa sintió algo que no había podido sentir antes, algo llamado “miedo” que en palabras de la rosa era petrificante y la hacía experimentar escalofríos desde la punta de sus pétalos hasta los dedos de sus pies descalzos y expuestos a aquel camino rocoso y repleto de botellas de cerveza rotas con vidrios hasta donde alcanzara la vista.

-¿Qué voy hacer? Con solo mirarlo siento que me quedo sin aliento y siento algo raro en el estómago como si tuviera un nudo, pero, ¡si no lo hago, arrancar mis raíces habría sido en vano! Lo haré.

Así fue como a pesar del enorme miedo y la agonía que sentía la rosa, cruzó aquel imposible camino apretando los dientes negándose gritar cada vez un vidrio junto con unas pocas moléculas de alcohol atravesaban la piel vulnerable que cubría sus pies. Después de atravesar aquel corto, pero largo camino en
perspectiva de la rosa, ella alcanzo a ver el muelle del cual estaba como vigía una persona con un largo impermeable verde que cubría todo su cuerpo. El rostro de la rosa se iluminó al haber llegado, pero tuvo que acercarse lentamente porque correr con sus pies heridos y sangrando no era una acción posible para ella. El vigía era alto y vestía colores oscuros igual que Joseph y así con la carita llena de esperanza le dio unos jalones a su impermeable, direccionó su mirada ya cristalizada a la espera del llanto a dirección de él y le preguntó:

-¿Por qué me abandonaste en el Jardín Joseph? No me importa si no me respondes, pero ¿podrías quedarte a mi lado? Yo te perdono, los amigos siempre se perdonan ¿recuerdas?

-Lo siento niñita, yo no sé quién es ese tal Joseph mi nombre es Deo.

El brillo de los ojos de la rosa empezó a apagarse y lágrimas se dignaron a salir
de sus pequeños ojos, pero a pesar de la desilusión, con una voz medio ahogada
le pregunto a Deo si lo había visto.

-Disculpa la confusión Deo, pero, si no soy una molestia le preguntaré si ha visto a un chico alto y delgado con un saco similar a este {enseñando su saco}.
-Sí, lo vi un par de semanas atrás se veía con prisa, me pidió que lo llevara en mi barco hasta el pueblo vecino y en todo el viaje no dejo de hablar por teléfono.
-Gracias {suspira de alivio}, ¿él le dijo cuándo volverá?
-Sí, él me contó que se mudaría de pueblo para no regresar.

-Gracias por decirme…

La rosa se desmayó en frente de Deo, sus pies estaban rojos por la sangre que había perdido. Deo, quien sentía lastima por la joven, la tomó en brazos y la llevó hasta su casa para cuidarla adecuadamente hasta que despertara, habían pasado ya tres días y la rosa despertó.

-Hola…
-Hola joven rosa por fin despiertas, {hablando hiper rápido} mi amigo Deo te trajo aquí, estabas sangrando mucho y limpio las heridas y te recostó aquí, yo le dije varias veces que le regalaría una de mis hojas para poner en tus pies, pero luego recordé que las plantas y los humanos no compartimos idioma así que
esperé a que despertaras para decírtelo.

Quien le hablaba a la rosa era una planta consuela muy parlanchina la cual estaba confinada en una maseta sobre una mesita de café.

-Gracias, ¿me podrías dar una de tus hojas?
-Lo haré si me cuentas que fue lo que te pasó.
-Está bien, no veo otra opción.

Mientras la rosa contaba, la planta de consuela escuchaba concentrada e impresionada así que decidió darle algunas palabras a la rosa.

-Pobre e inocente rosa, hiciste todo eso por alguien que te abandonó, yo una vez también ame a alguien, ella era el único y más bello crisantemo de aquí, Deo la trajo un día de tormenta y ese día dejé de sentirme solo en esta casa, pero mi dueño cometió el pésimo error de colocarla frente a un inmenso espejo lo cual provocó que se enamorara de ella misma. Yo odiaba ese sentimiento de amor hacia ella pero envés de irse trajo otro sentimiento que yo llamo dolor.

-Lo lamento.
-No lamentes cosas que tu no provocaste.
-Y ¿qué le paso al crisantemo?

-Se amaba tanto a si misma que termino marchitándose y al final como dejó de
ser bella, Deo la metió en una bolsa para tirarla a la basura.
-No puedo creer lo que dices {sorprendida}, pero ¿me podrías dar ya una de tus
hojas para mis heridos pies?
-Por supuesto, yo las aflojaré un poco y tú la arrancas.
-Se lo agradezco {arranca dos hojas y pone una en cada uno de sus pies}

-Te preguntaré algo: después de todo lo vivido y escuchado ¿sigues creyendo en el amor?
-Sí, es más, ahora por fin sé que es.

-Entonces dime que es.
-El amor es una prueba de error y éxito que nos prepara para una prueba más grande llamada vida. El amor es complicado, es difícil, es triste, es indiferente, es hermoso, es algo tan extraordinario que no estoy segura de que mis palabras sean suficientes para describirlo.

-Joven rosa según me contaste arrancaste tus raíces para encontrarlo.
-Sí, ahora que sé que no volverá no sé qué hacer ni adonde ir.
-Ahora tú tienes algo muy preciado, se llama libertad.
-¿Libertad?
-Sí, ahora tienes la libertad de explorar el mundo envés de estar en un altar incluso si tú quieres podrías ir a la luna algún día.
-Eso es increíble, ahora soy libre.
-Me alegro por ti, si fuera tú me iría antes de que Deo te ponga en una maseta igual que a mí.
-Hasta pronto y muchas gracias.

Después de esa despedida la rosa se dirigió con dos metas: la primera, hacer del mundo su hogar gozando de su libertad mientras la tuviera porque nada es por siempre; y la segunda conseguir un buen par de zapatos para no volver a pisar un vidrio otra vez.

– Adiós amigo… te perdono.

¿Dejarte ir?

Por: María Alejandra Osorno

En la encrucijada del amor me encuentro,
donde mi corazón se ve confundido,
pues en mi pecho late un sentimiento tierno.

Un suspiro amargo escapa de mis labios,
al reconocer la situación compleja,
pues en su mirada veo destellos sabios,
mientras mi alma sufre y se aleja.
Debo soltar las ataduras del deseo,
y permitir que el viento lleve mis anhelos,
aunque ella sea dueña de su risa,
es tiempo de que en mi alma florezca la brisa.

Aprendo a dejar ir lo que nunca fue mío,
aunque duela en lo más profundo de mi ser,
Ella merece encontrar su propio estío,
y a mi corazón le toca aprender a renacer.
Quizás en otro rincón del vasto universo,
me aguarde alguien con la luz en sus ojos,
y cuando menos lo espere, en un nuevo verso,
descubriré un amor que calme mis enojos.

Así que a ella le entrego mis bendiciones,
y le deseo un amor que la haga feliz,
pues no es justo enturbiar nuestras emociones,

y a nuestra amistad no quiero verle partir.

Que a ella y aquel ser que tanto quiero,
encuentren juntos el camino de la felicidad,
y que en mi corazón haya paz y lucero,
mientras me abro a nuevas posibilidades en realidad.

Dejar ir a quien se ama en el silencio,
es un acto de valentía y madurez,
y aunque el dolor se presente como un incendio,
sé que encontraré un amor que merezca mi altivez.

Mi historia dependía de ti

Por: Dan Peláez

Ya se acerca la hora para abordar el bus, es momento de olvidar quizás de irme un poco de este mundo, es que siempre hubo algo más cuando te amé, tu sonrisa me cautivaba, pero cómo le explicó a mi mente que ya no volverás y ni siquiera le darás una oportunidad al destino para que nosotros volvamos a estar. Ahora que no sigues a mi lado, cómo te hago entender que tu respiración sigue viva en mi interior; hace unas horas nos volvimos extraños, es difícil decirle al silencio sobre esta melancolía. Desde el momento que nos separamos el cielo se puso gris, la niebla te ayudó para que yo no pudiera verte partir, es por eso que estos minutos son los más agonizantes que he tenido. Sé que no me creerás, pero te he llorado como un niño en un andén, Amada, ¿qué hice mal? ni siquiera la rata que pasa a mi lado sabe contestar a esa pregunta. 

Entiéndeme, las noches que te di fueron especiales y en cambio tú, ¿qué me das? Si, me das una mirada baja sin explicaciones, sin lagrimas y sin qué, Amada, ayúdame a entenderte. Te pedí al menos una noche más, pero tu decidiste desaparecer en medio de la niebla y ya; ahora no quisiera despertar, prefiero llorar. Aunque me he levantado del andén mis lagrimas siguen cayendo, las calles están inundadas por mis lamentos, yo he tratado de gritar, pero me esta faltado el aliento, ahora entiendo muy bien la frase que «era más tuyo que mío». El valor se me perdió, sé que es difícil decirte adiós, es más, duele cuando te pienso. Se acerca Noviembre y por fin podré cantar con sentimiento y dolor la canción de Reik. La pena me esta ahogando, en medio de la nada caminé hasta la cafetería donde te hacia feliz, pero ya casi es medianoche y me quedé esperando con el café que estaba rebozando.

 Me da rabia conmigo mismo porque aun puedo sentirte reír en mi hombro, en la almohada de mi cuarto yo todavía te sueño ¿Cuánto ha pasado desde que te fuiste? Eso si lo sé, es por eso que he entendido que te marchaste y sin consultarle al destino cuál era el verdadero camino. Yo jamás me he arrepentido de entregarte mi corazón, pero Amada yo nunca te quise como amiga, entiéndelo, y si lo fueras te perdonaría, eso es seguro, solo que tú eres mi Amada. El día en que hablamos por última vez fui duro, pero era para sentirme un hombre seguro, es que tus palabras están hiriendo desde esa vez que pronunciaste “lo siento, pues ya no te quiero” y eso que me duele porque no me estás diciendo la verdad. 

En la sala de espera del terminal te he escrito poemas que tal vez puedan ser canciones, aunque tu jamás las escuches, eso ya lo sé, pero es un momento que sirve para ocultar mis emociones y así te he robado en mi inspiración. Una voz que resuena en el fondo anunciando mi dolorosa partida me anuncia que la sombra que hay en mi corazón será un caos total. Aunque sigue lloviendo, el frio de mi interior me esta quemando y me duele que esto no fue eterno, lo más trágico es que yo siempre te di oportunidad, pero ahora solo me dices lo que hieres y me haces quedar sin respiración. Yo de verdad no te entiendo, ni siquiera tuviste la decencia de devolverme el aire, el titulo de mi vida ahora ya no es una historia de amor y es porque ya no estas junto a mí. Lo peor es que ya nadie me habla de ti, en tu casa ya no hay paso e incluso no he logrado comunicarme contigo, pero sabes, jamás alguien será mejor que Yo, eso lo sé, es que mi persona te conoce desde que eras una niña, y tu a mi igual, por eso lo sé y duele aceptar que ya no te veré más….

Pragmático y danzante silencio

Por: Arturo Rubio (@rubio1312)

Pragmático y danzante silencio

En tu espesa estepa montañosa 

Tu cielo en oscuros matices

Tu esencia siempre tan vigorosa. 

Siluetas abstractas y grises 

Tan etéreas como esta prosa 

Se difuminan en ambiguos tintes

En la extensa asimetría de tus rocas. 

Tonadas de viento sublimes 

Murmuran tus lamentos de diosa 

En medio del vaivén de tus crines 

En tu fotosíntesis loable y pomposa.

Inspiración conspicua y sublime 

De tu mística inefable e impetuosa

Del regocijo infinito que desinhibe 

En la tranquilidad y calma reposa.

DEPRESIÓN

Por: María Fernanda Núñez Vizcaino

Me gustaría contarles esta historia justo desde el inicio, pero siendo sincera, no sé cuándo
empezó. Fue tan sútil, tan silenciosa que no sentí cuando llegó. Me parecía normal: problemas en
el trabajo, el imbécil de mi jefe, solo un mal día, me decía un y otra vez. No es para tanto, mañana
me sentiré mejor. Y sí, mañana llegaba y era un gran día y así avanzaba yo. Y detrás, ella,
acelerando cada vez más el paso… Luego llegó la tormenta de pensamientos, lo llamo así porque
me ahogaban, no cesaban de ninguna manera y me mantenían despierta en las noches: «¿Cómo es posible que no avances?» «A tu edad y con tus privilegios tendrías que haber logrado más», «nunca serás suficiente» y así, un bucle infinito de pensamientos sobre lo fracasada que era, pero yo seguía diciéndome que era normal. Seguro a todos les pasa pero mejor no lo comento con nadie ¡Qué horror quedar como la rara! Y busqué una solución: una pastilla para dormir y es todo. Y volvía a despertar, un poco irritable pero sonreía, y continuaba la rutina. Me reunía con mis amigos y los sentimientos que me embargaban en las noches quedaban relegados. Hasta que volvía sola a mi casa y volvía a atormentarme. Sabía que debía hablar con alguien pero ¿Con quién? Yo soy la fuerte, la que siempre sonríe, la siempre está bien, no quiero que me vean de forma débil, a nadie le gusta los débiles, perderé a los que quiero, mejor no pensemos más en eso.


Y así fue como casi sin darme cuenta, empecé a fingir que era feliz. Todo era ensayado, cuando
reír, cuando hablar y eso sí, SIEMPRE estar presente para quien lo necesite, qué miedo que alguien
pudiera sentirse como yo y no ayudarlo. Fue pasando el tiempo y ya no sabía qué era felicidad,
nada mi animaba pero entre menos feliz me sintiera, más quería aparentar serlo. Mi vida
continuaba y ella a la sombra, acechándome y yo sin poder verla, porque no lo aceptaba. A mí no me podía pasar, teniendo todo lo que tengo, rodeada de tanta gente que me quiere, eso son tonterías, a mí no me pasaba. Pero mientras seguía negándome, me acecharon las culpas, las noches despierta, llorando desconsolada sin motivo aparente, la sensación de insuficiencia, la presión en el pecho, el dolor en el alma, las preguntas sin respuestas. La mortificación con mis pensamientos y sin embargo, cada nueva mañana me levantaba y me aferraba a algo para continuar el día, no quería darme cuenta que ella me había alcanzado y superado, que estaba adentro. Y un día ya no encontré un motivo para levantarme. Me di cuenta que no valía la pena, que mi vida no significaba nada, que morir era mejor que vivir de esta forma. Me pesaba el cuerpo, me dolía el alma, quería sentirme bien, era todo lo que quería, estaba harta de fingir y aunque trataba mil veces de contarle a alguien lo que sentía, las palabras se quedaban atascadas en mi garganta, rogando por pedir ayuda y ahí murieron. Ya no me importa nada y Entonces empecé a fingir sentirme enferma físicamente, cualquier cosa es mejor que aceptar que la tengo a ella en mi vida. Hasta que una noche de tantas en las que pasaba en vela, llorando, suplicando por ayuda, la vi en mi cama, acostada a mi lado, mirándome fijamente. Me asusté porque nunca la había visto de frente y con su mirada me prometió el consuelo que yo tanto necesitaba. Cerré los ojos y pedí perdón por rendirme, deseé haber sido más valiente y pedir ayuda pero ya era demasiado tarde. Me resigné y me fui a sus brazos, finalmente sucumbí a sus garras, le dije mi nombre y antes de llevarme, me dijo: Yo me llamo depresión.

Nota: Los escritos publicados en el blog no fueron modificados ni cuentan con observaciones editoriales. Las opiniones, visiones y sentimientos expresados en los escritos corresponden a sus creadores y no representan ni comprometen a la Fundación Macondo Libre

Entre los pensamientos 

Por: Sara Valentina Cano Ospina

¿Fue lo mejor para mí?

Ha pasado suficiente tiempo. Ya me olvidé de cómo suena tu voz, ya no tengo ni idea cómo se siente estar cerca tuyo, creo que mi mente ya no se imagina a detalle cómo se ve tu rostro. Y no, no es triste porque por fin estoy olvidando las pequeñas cosas, era lo último que me faltaba. Ya no recuerdo cómo lucen muchas partes de tu cuerpo, no estoy segura de cuantos lunares tienes ni donde los tenías, ni siquiera sé cuáles son tus cosas favoritas y tengo un recuerdo muy vago de tu estatura en comparación a la mía, tampoco recuerdo tus manos y es gracioso porque antes cariñosamente decía que eran mis favoritas. Todo de ti se va yendo de mi ser cada día que pasa y yo simplemente me quedo en la orilla disfrutando como te veo zarpar. Gratitud, gratitud inmensa al momento en el que decidí irme, fue más que necesario e incluso terapéutico. No con esto te doy relevancia en mi vida o algún tipo de espacio, más bien doy por finalizado el peor sufrimiento que alguna vez sentí. Porque hasta eso analicé ¿Cuál ha sido el peor dolor que he sentido? ¿Qué es lo que más me ha desmoronado en mis cortos veintiún años? Y haciendo una búsqueda exhaustiva en mis recuerdos, todos me llevan a ti. A veces me siento culpable, era una mujer que amaba demasiado, que le causaba pánico quedarse sola, que hacía hasta lo imposible para que no se fueran de su lado, costara lo que costara, pero ahora… Honestamente estar sola y aprender a estar conmigo ha sido de las mejores cosas que he podido experimentar. Una fuerte sacudida fue el tropiezo perfecto para construirme y decirme “nunca más”. Saber quién soy a detalle me ha hecho percibir emociones que jamás me permití, ese mantra de “alma libre” simplemente empezó a surgir. La paz y el silencio es sanador pero al mismo tiempo empieza a habitar en un ser que tiene poca capacidad de relacionarse. Tal vez leerme me cause gracia, pareciera que yo fuera buena o tal vez un ángel y no, tal vez yo también fui el infierno para ti. Qué más da. Adiós.

Nota: Los escritos publicados en el blog no fueron modificados ni cuentan con observaciones editoriales. Las opiniones, visiones y sentimientos expresados en los escritos corresponden a sus creadores y no representan ni comprometen a la Fundación Macondo Libre

SOLEDAD

Por: @iris_margarita_s

Soledad
Soledad
Sol-edad ¿cuales la edad del sol? ¿Cuántos años lleva solo el sol? ¿El sol está solo? ¿Cuántos años llevamos solos? ¿Cuántos soles llevamos solos? ¿Estamos verdaderamente solos?
Sola me sentí cuando se fue y viví en carne propia «los funerales de la mamá grande». Sola me sentí también cuando no tenía con quien jugar y crecí y mis amigos imaginarios se fueron a causa de mi odioso crecimiento.
Me sentí y me siento sola cuando veo al sol y pienso en que no habla el mismo lenguaje de las nubes, así como yo no hablo el mismo lenguaje de los «no sensibles».
¿Cuántos años llevamos solos el sol y yo? ¿Y cuántos más lo estaremos?
Al menos él estará y yo también y es quizás una soledad no tan sola.