Por: @trianavjuli
Todavía recuerdo, con algo de tristeza
la primera vez que mi amor se golpeó contra el piso.
Lloré como únicamente sabe llorar quien está roto y juré,
viendo mis manos temblar, que no podría pasarme nada peor.
A ella la vi marcharse con prisa y sin deternese para mirar mi rostro afligido por el fracaso.
Luego entendí que la brisa taciturna de la ruptura no entiende de escondites
y que siempre es fría y despiadada cuando te encuentra por ahí,
sonriendo encantado y tranquilo mientras todo parece plácido y suave.
Desde esa primera vez me he golpeado un par de veces más.
Algunas heridas fueron más profundas,
otras dolieron por la sorpresa de su aparición,
unas fueron más constantes y alguna otra se convertía en costra para luego volver a sangrar.
Hoy no sé si tu presencia se convertirá en herida o si seguirá,
infinitamente, sanándome cada rincón del cuerpo con caricias.
Cerraré los ojos y me permitiré quererte con el corazón intacto.
Te apretaré en mi pecho cada noche sin pensar en la siguiente,
Viajaré contigo por el mundo como si la vida fuera un juego,
Consolaré tus noches tristes y haré tus días felices,
Rebosaré de bonitos recuerdos tu memoria,
Te extrañaré perdidamente cuando no estés a mi lado,
Escucharé tus historias durante horas,
Te amaré como si nunca antes hubiera sufrido el desamparo de la despedida
Iluso, me han dicho hasta de insulto y no diré que mienten,
Voy por la vida coleccionando expectativas, dibujando futuros
Abrazando historias que luego se me escurren de los brazos,
Ahora deposité, sin nada de precaución, todos mis anhelos en tu nombre,
Y aunque con lo que voy a decir le haga eco a ese odioso apodo,
únicamente al mirarte, sé que esta vez y únicamente por esta vez,
será el nuestro un final feliz.
Nota: Los escritos publicados en el blog no fueron modificados ni cuentan con observaciones editoriales. Las opiniones, visiones y sentimientos expresados en los escritos corresponden a sus creadores y no representan ni comprometen a la Fundación Macondo Libre